2005-10-28
Encuentro con la psicosis
Y qué bueno que vino a conocernos.
Nos parece importante que el grupo crezca.
Es necesario que encontremos nuestros intereses.
Llego movida por el deseo a una habitación llena de violines y de mullidos sofás. El anfitrión se sienta a mi lado, y empieza a hablarme de Méjico y de las maravillas del país de los manitos, los mariachis y los muertos sonrientes. Y siento que la silla se hace más cómoda, conforme escucho su voz. Timbre hermoso, pienso.
Luego aparecen en la escena otros. Dos distintos pero interesantes personajes: uno joven, con pinta de intelectual, cabello negro lacio y gafas de marco grueso. Delgado, casi enjuto. Se parece a alguien que tuvo una noche larga de escribir y no pudo reponerse del trasnocho en todo el día, ojeras marcadas y cabello rebelde. El otro, viejo ya. Con look de hombre de medios, chaleco multibolsillos y compulsión por fumar, aunque no encuentra un solo cenicero en la sala de los violines. Timbre de voz sonoro, como de hombre de radio. Gesticulación maravillosa, como instrumento que acompaña palabras. Seguimos hablando de Méjico, de sus bondades y sus maldades.
Saludo, amablemente. Sonrio, como quien eleva una cometa.
Llega un cuarto invitado. Mediana edad, tez trigueña. Si, hasta parece mejicano.
Y nos sentamos a pensar el loco, el mundo del delirio, el asunto de la psicosis. En este maravilloso espacio alejado del ordenado mundo de la neurosis. Y me siento cada vez más cómoda en la silla, tratando de seguir la conversación hablando de mis recuerdos con pacientes psicóticos. Y recuerdo a Andrés, tres, ajedréz. Y su delirio persecutorio, y su misión en el mundo. Y Wilson, y el proceso terapéutico y las llamadas telefónicas, que habrían desafiado a cualquier freudiano(a) sobre el asunto de la transferencia en la psicosis. Y las horas con Ana Marina, escuchando sus duelos maternos y sus países llenos de telas y bordados finos.
Pienso que la locura es una forma bella de estar absolutamente solo en el mundo. Bella en el sentido de la elaboración, de la creación de un mundo paralelo. Pero tambien creo, que el loco, más que nadie, quiere ser escuchado. Su creación se desperdicia si un otro no sabe de ella.