2006-01-29
The Creamaster Cycle

Cada uno de los pisos del museo estaba lleno de esta escultura fría y blanca, texturas que semejan la genitalidad masculina, sensualidad al tacto en la barra de un bar hecho de parafina y lleno de minúsculas gotas de agua que no pude evitar tocar. Mmhh.
Pero eso es apenas una parte del asunto.
Los muros espiralados del espacio extraño que es el Guggenheim estaban tapizados de fotografías del edificio Chrysler, de personajes extraños que narraban el nacimiento de este edificio de la ciudad. El mismo Barney entre ellos, figuras mitad gato mitad mujer, hombres hermosos tipo años 50, un arquitecto raro, mujeres semidesnudas bailando, mientras otras estaban vestidas con trajes de oveja, hombres cubiertos de esperma, cruce de cerdo y humano, sangre en el cadáver, un asesino en serie…
Acompañando las imágenes de las fotografías, enormes televisores colgaban de los techos y las paredes proyectando fragmentos de la película que Barney filmó con todos aquéllos personajes y que cuenta la historia del nacimiento del edificio a partir de un mito masónico.
Fué sin duda, la exhibición más erótica y a la vez más dura que haya visto jamás. En últimas, salimos del museo porque nos echaron. Lo que habíamos visto sirvió de material de conversación junto a los amigos que habíamos dejado en el hostal, acompañados con vino tinto barato y pizza de pepperoni.
Eso me hace recordar…
Alguien hizo esta pregunta recientemente. Ésta es mi respuesta: que me lleven al Guggenheim, me sienten en una silla de ruedas control remoto y me dirijan rodando desde el piso superior hasta el final. Quiero que me aten una cámara de video para filmarlo todo, y que luego me sienten enfrente de la tele para verlo una y otra vez.
Luego, quiero que me tiren desde el más alto de los trampolines. Ya muerta no me asustan.