2006-06-19
Hinchas
Hace algunos años (quizás muchos ya) fui al Pascual por primera vez. Papá se vistió de rojo y nos llevó a mamá, a mi hermanita y a mí en el carro azul hacia mi primer partido en un estadio de fútbol. Por supuesto, él usaba el color de su equipo favorito.
Yo no entendía muy bien eso de ser hincha, antes del primer temblor.
El piso del estadio saltaba bajo mis pies. Estábamos en la tribuna occidental, en el segundo piso. Acababa de hacer gol un jugador vestido de rojo. Sentí ganas de sonreír, de saltar, de gritar. Era una epidemia. Un virus contagioso e incurable.
Tal vez fue la emoción de ese encuentro la que generó en mí lo que recuerdo como mi primer enamoramiento. Su uniforme no era rojo, sino blanco. Y tenía guantes, y era el único que podía tomar el balón con las manos. Y cada vez que lo hacía, todos aplaudían en la tribuna. Un héroe.
Resuenan a veces en mí recuerdos de esa primera sensación de hincha. Como cuando leo una nota en alguna parte que rinde tributo a un jugador, o veo un partido en la tele y sufro por el equipo que quiero ver triunfar.
En equinoXio hay convite hasta el próximo domingo para referir las mejores bitácoras devotas de la pasión futbolera. Quedan todos convidados.