2007-06-18
Ha pasado muchas veces
Llega calladito, caminando con paso de bibliotecario. Pero es un guarda de seguridad. Me cuenta que ha llegado temprano, como yo, a trabajar un día festivo. A diferencia mía, él está acostumbrado a la soledad de estas oficinas en días como hoy. Por supuesto, me asusta un poco su saludo.
“Doctora, cómo le va?”
Empezamos a conversar y toca el tema del día del padre. Le digo, con el vacío que siempre me aparece en el centro del pecho cuando respondo esta pregunta, que mi papá falleció hace unos 8 años. Y entonces, ante mi confesión personal, este señor de cara de papá noel calvo, me cuenta sus penas.
Le digo lo que escucho, asiente.
De ahí en adelante intento entender su soledad. Y lo veo jugando chiquito con sus hermanos, padeciendo la pobreza de su paternidad adolescente con su hija mayor, y durmiendo solo en su cama, con su ex mujer en el cuarto del lado, porque no quiere que su hija menor se vaya de su lado.
Ahora que escribo estas líneas se me ocurre que tuvo un padre bueno. Ese que le enseñó que las lágrimas no son verguenza.
Esto me ha pasado ya muchas veces, tengo una marca invisible.