2005-08-30
Ascindesis
Mi idea de nadar siempre fue bastante buena. Pero recuerdo que en esa idea se atravesaban personajes de las tiras cómicas. Mi madre decidió que era buena idea ir a nadar los domingos. Ella lo decidió antes que yo naciera. Le gustaba ir a la playa con mi padre cuando eran novios. Le gustaba. Quizás aquello del vientre de la madre, no? Bueno, mi abuela siempre ha sido más regañona que otra cosa.
Se supone que los bebés tienen esa pasmosa facilidad para flotar después de 9 meses de respirar líquidos gelatinosos.
Hablando de súper héroes que respiran bajo el agua, recuerdo perfectamente los sábados en la mañana a inicios de la década de los ochenta. Televisión colombiana. “Y mientras tanto… en el salón de la justicia”. Perfecta antesala para el imaginario infantil, previo a la visita al club (culicagada oligarca, dijo Cabeza de Motor en la Universidad). El personaje que mejor me llevaba al agua era pues, obvio.
Si la tele me entregaba a Aquaman hablando sobre caballos de mar en la mañana y mis sueños estaban impregnados de fantasías acuáticas nocturnas, pues por supuesto que ya el domingo la distancia entre la casa y el club era francamente insoportable. El chapuzón, la clavada, el abismo… nadar fue mi primera adicción.
Mi madre sigue siendo mi heroína. Aquaman ha sido desplazado por una enorme desilusión del género masculino, y reemplazado por mujeres de carne y hueso que tambien aparecen a veces en la tele.
La relación entre el agua y la madre. Cuestión fantástica.
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