Crónica de Venezuela (III y última parte)

UN MUNDO ABSURDO ES MUY POSIBLE

Tal vez yo sea el único Administrador de Empresas de Univalle con estudios en Psicología, apasionado con el Rock y activista social. Esto suena ilógico como también un concierto al aire libre en el que el animador llamó a conquistar diez millones de votos para la reelección en un concierto llamado Hip-Hop vs Vih/sida. Allí, en plaza Morelos me encontré un amigo de Medellín-Colombia; el viejo Darta. Con él presenciamos sin movernos del mismo sitio; una orquesta de salsa de mujeres con “no le pegue a la negra… ni a la blanca”, un grupo de zamba brasilera “um, dois, treis, … cuatro, cinco, mil, … viva o partido comunista do Brasil”, un grupo de rock-blues acústico argentino con un tango monumentalmente depresivo, un grupo de hip-hop relatando las persecuciones a los jóvenes en los barrios, un grupo de cristianos cantando sus alabanzas a Jesús/Chavez, asegurando que el papa también es antiimperialista o algo así, un grupo de reagee que se llama culto aborigen, con una catira (jovencita) al mando en la batería (percusión principal) llevando las riendas de las melodías.

El bajista era muy brillante, zurdo y con tan sólo dos dedos; el meñique y el anular, los otros tres con malformación. Me hice amigo de Jair el vocalista (exmetalero), quien me regaló su cd y pronunciaba: “¡¡¡hay que ocupar fábricas ya!!!!”, “¡¡vamos a sacar a los narcos y a los paracos de Latinoamérica!!!” “¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡es con la patria con la que se nos están metiendo, viva la revolución, cultura para el pueblo, vamos por esos diez millones y más!!!!!!” Ojo, este grupo aún no es apoyado por el ministerio Bolivariano de cultura. En más de una ocasión me ví sólo, rodeado de miles de revolucionarios pero ninguno conocido para regresar al alojamiento, con hambre y mucha desubicación, pero siempre en el momento menos esperado me encontraba de frente con algún paisano o alguien que había conocido algunas horas antes o tal vez hace uno o dos días atrás. Siempre algún santo para pasar por el metro, para el hambre o pasar la rumba.

ROBO SOCIAL MUNDIAL

Ante el personaje más exótico siempre le preguntaba: “Hi, were are you from?” y me respondían; Germany, England, Venezuela, California, Indía, Colombia, Grecia, Argentina, Brasil, España, Canadá, Bosnia, Cuba, Perú, Honduras, Panamá, Francia, Ecuador. Eso lo hacía más o menos cada 15 minutos o cada tres cuadras, lo que viene a significar casi 500 fotografías con saludos de solidaridad para con la tragedia colombiana. Justo el último día, esperando el taxi para ir con maletas al terminal de transportes, en frente de nuestro grupo de 5 amigos desfiló una caravana de tal vez 300 motociclistas haciendo cross (caballito) rodeando una camioneta en cuya cubierta se exhibía un ataúd (féretro) y una viuda llorando la muerte de uno de los malandros (delincuentes) del barrio “el valle”. Era el último espectáculo en la cámara digital que iba a registrar para mostrarles a mis amigos en Colombia. Pero sucedió lo que no había ocurrido en 31 años de sobrevivencia en el país del terror; dos de los motorizados me abordan y con revólver en mano me piden la cámara. La entregué con todo y memoría. Eso fue todo.

Dicen que la saqué barata, que a otra gente le fue peor, que a alguien de dieron puñaladas dentro de su carpa, que a alguien más también le quitaron la cámara, que robaron carpas en el campamento de la “ecoaldea de la paz”. A Harold Pardey, “el Sudaca”, popular comunicador de Univalle ya famoso por su libro sobre el fútbol en Cali y documentales varios, le robaron su grabadora digital con entrevistas, le robaron su material recogido y sus documentos de identidad, amaneció golpeado en piernas y cara en un lugar extraño del que no recordaba nada.

Nos vemos en las barricadas.

CARLOS FDO

COINCIDENCIAS Y CONTRASTES: He querido publicar esta crónica en momentos en que el TLC es firmado, Uribe se inscribe como candidato y anuncia en RCN su primera propaganda política. Y es pura coincidencia. La idea de publicarla no era hacer propaganda antiimperialista. De hecho el texto explica que en últimas, Venezuela es una versión distinta del mismo drama colombiano, igual mesiánico, igual paradigmático.
De nuevo aprovecho para darle las gracias a Carlos, a su juiciosa carta y a su particular forma de ver el mundo.

 
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