2006-02-18
De-solación
Con alguna frecuencia ir a cine sola es más interesante que cualquier otra cosa. No depende del ánimo, ni del calor, ni del desparche. Es de esas cosas que una película me inspira. Pienso desde hace unos días en los que ando con cierta bifurcación en mis caminos, que la vida se me hace menos clara entre más la vivo. Y requiero de más tiempo sola para entenderla.
Mis sueños y mis recuerdos de experiencias solitarias son perfectamente nítidos en medio de la confabulación a la que los someto para embellecerlos y disfrutarlos aún más de lo que pude en el presente en que ocurrieron.
Y ayer fue uno de esos días, de cocacola y sillas frías a mi lado. La historia sencilla, pocas palabras, serena y apasionada a la vez, personajes definidos, fotografía envidiable. Hasta ganas me dieron de sacar a todos (homofóbicos o no) los que estaban en el teatro, y quedarme sola con Ennis y Jack, silenciosa, mientras ellos resolvían sus vidas y su deseo.
Lloré con lágrimas de esas que resbalan lentamente por las mejillas altas, con una sonrisa en mis labios. Y el aire helado del teatro no era suficiente: suspiraba. No esperaba que la desolación de Ennis me conmoviera de la misma forma que la muerte de mi padre.
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