El Arriero

No sé si mi canto es lindo o si saldrá medio triste.
Nunca fui zorzal, ni existe plumaje más ordinario
(yo soy pájaro corsario que no conoce alpiste)

Dicen que no tienen canto los ríos que son profundos
mas yo aprendí en este mundo, que el que tiene más hondura:
canta mejor por ser hondo y hace miel a su amargura.

No me nombren que es pecado, y no comenten mis trinos.
Yo me voy con mi destino para donde el sol de pierde
tal vez alguno se acuerde que aquí cantó un argentino!!

Atahualpa Yupanqui

En las arenas bailan los remolinos
el sol juega en el brillo del pedregal
y prendido a la magia de los caminos
el arriero va… el arriero va…

En mi nuevo mundo es fundamental el trabajo del campo. Tuve el placer de visitar un espacio en la ciudad donde todo parece hecho por campesinos, como mis abuelos. El olor, el color, la sonrisa, el apretón de manos, la mirada recia.

Es bandera de niebla su poncho al viento
lo saludan las flautas del pajonal
y guapeando la senda por esos cerros,
el arriero va… el arriero va…

Y como es bien sabido en Colombia no se puede llegar al campo, muchas veces. Es complicado. Aquellos de mi nuevo mundo que trabajan en las faldas de la montaña, en la finca y la hacienda en Pradera o Trujillo, impresionantes. Esos son como dice Brecht, los imprescindibles.

Las penas y las vaquitas,
se van por la misma senda;
las penas son de nosotros
las vaquitas son ajenas.

El negocio de la tierra y la fauna maravillosa que de este paraíso se alimenta, es la razón de ser de ese nuevo espacio en el que empiezo a moverme, como rana en platanera.

Ojalá que la noche traiga recuerdos,
que haga menos pesada la soledad,
como sombra en la sombra por esos cerros,
el arriero va, el arriero va…

Mis nuevos héroes (cada mes encuentro nuevos), son los hombres y mujeres que a pesar de las penas y de las dificultades, llevan salud a los cultivos y ganados magníficos y generosos a las fincas de los patrones y los cuidan como si fueran propios, también magnífica y generosamente. Eso es absolutamente conmovedor, y para ellos hago mi trabajo, en ese nuevo mundo.

Un degüeyo de soles muestra la tarde,
se han dormido las luces del pedregal,
y animando a la tropa, dale que dale
el arriero va, el arriero va…

 
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