Advertencia: Santiago me ha enviado un cuento para publicar. Los que conocen la producción de mi amigo, saben de sus temas. No apto para menores de edad ni personas con digestión sensible al lenguaje gráfico y crudo. Aquí está, Dr. Cómic.
LAS COSAS CAMBIAN
La primera impresión que me dio fue la de un hombre rústico, no solo por su procedencia humilde y su historia de vida que ya me era tan familiar sino por los trabajos que había llevado a cabo hasta el momento… fue sargento de la policía mucho tiempo y luego se había convertido en detective privado, ahora era el propietario de una cantina ubicada en un sector de la ciudad no muy recomendable; sin embargo, debo anotar que era mi lugar predilecto, solía pasar la tarde acodado en la sucia barra engullendo una cerveza barata mientras esperaba que pasaran las horas antes de volver al tedio de mi casa.
Durante semanas este sitio se había convertido en mi refugio, un espacio hostil y turbulento que paradójicamente se convertía en un oasis al cual acudir cuando los problemas en mi hogar llegaban al extremo de asolar mi alma y mi ánimo… pero hablar sobre mí resultaría aburrido, prefiero hablar del lugar en el que me hallaba y en especial de su dueño, de él y de la historia que surgió cuando iniciamos una inesperada conversación, no recuerdo qué la detonó, pero si tengo grabada en la memoria la sucesión de hechos que me soltó de pronto, con la intempestiva arremetida de una tormenta tropical.

John Sloane: McSorley’s Bar (1912)
Recuerdo que le estaba hablando de los miedos, de lo espantoso que resultaba vivir el día a día sin la menor esperanza de un cambio; fue entonces cuando soltó el vaso que estaba limpiando con fruición y se acercó a menos de veinte centímetros de mi cara, me escrutó con una mirada de agente del orden heredada de sus trabajos previos, detallé por un momento las cicatrices que marcaban su cara ruda y descubrí por primera vez un brillo inerte en su ojo izquierdo, me vi reflejado en mi miniatura en una muy bien lograda esfera de vidrio. Abrió la boca poblada de dientes pequeños y amarillos y sin aviso comenzó un relato que parecía reposar entre sus labios a todo momento.
-“Vea”- comenzó -“ usted es joven y parece haber llevado una vida dura, pero le cuento que debe estar agradecido de eso, nunca se preocupe de los cambios porque a veces no son tan buenos como uno quiere, yo era detective, creo que eso ya lo sabe, aquí lo saben todos, y durante años trabajé en casos comunes de engaños amorosos, perros perdidos y toda clase de pendejadas, yo también quería un cambio, necesitaba un caso que me hiciera sentir importante, que exigiera un trabajo de verdadero detective y sin mucho esfuerzo ese reto me llegó un día cuando me pidieron investigar la muerte de la señorita López Rodríguez”.
Sin aviso, como parecía ser su costumbre, se inclinó detrás de la barra y sacó una botella de vodka a medias, dejó a un muchacho macilento y medio cretino en cargado de la barra y me conminó a que nos sentáramos en una mesa, yo asentí sin el menor reparo y con la satisfacción de “aplicarme” algo más que una cerveza esa noche. Nos sentamos en una esquina del bar y mientras él me ofrecía un vaso a medio llenar, continuó su intrigante relato (de modo intempestivo obviamente).
-“Vea”- siempre comenzaba así- “hay cosas allá afuera que no son lo que parecen y es mejor hacerse el pendejo y dejar que pasen, yo tenía el don de buscar lo que no se me había perdido y el caso que me llegó era bien complicado y me interesó desde el principio… imagínese lo siguiente y me dice si no; por allá en el noventa fue muy sonado el homicidio de la señorita López Rodríguez, una monita bien bonita de veinte años que se había quedado sola a cuidar la casa de unos parientes mientras ellos se iban un mes de vacaciones, la niña no era tan señorita entre otras cosas, tenía su famita y cuando uno ve las fotos se da cuenta que era candidata fija para violación, además me contaron que andaba con unos vagos de lo más dañados”.
Se detuvo para encender un cigarrillo que le ofrecí y mientras estudiaba sus acciones me percaté de un detalle nuevo, a mi interlocutor le faltaban dos dedos en la mano izquierda, el índice y el anular estaban cortados hasta la segunda falange, él pareció advertir mi descubrimiento pero calló y en su rostro adusto se dibujó una sonrisa mórbida y cruel enmarcada por un sin fin de arrugas prematuras y cicatrices, me soltó una bocanada de humo en el rostro y retomó su historia.
-“Vea, todos tenemos nuestras vainas en lo que al sexo se refiere, bueno, no sé usted que opine de eso pero si algo aprendí en mi oficio fue acerca de todas las porquerías que se pueden hacer para “sazonar” un polvo… yo ya estaba más que curtido en ese asunto y el homicidio de la niña esta me recordó muchas de esas cosas. El reporte oficial fue que la encontraron en la habitación principal de la casa sobre la cama, estaba completamente desnuda, amarrada a los cuatros palos y con un trapo grueso y sucio apretado en la boca. Hasta ahí todo típico y normal en cuestión de crímenes sexuales, pero luego comenzaban a aparecer los detalles miedosos; En primer lugar, los ojos de la niña estaban secos como los de los gatos atropellados, ¿los ha visto?, Bueno si no, espero que se imagine unos ojos que parecen bolas de ceniza apelmazada, sin brillo ni color. Y el otro dato daba asco, el reporte decía que entre el tórax y el abdomen de la víctima no había nada, y me refiero a nada de nada, le habían abierto un hueco y se habían llevado todo, se podía ver la sábana debajo y lo mejor del cuento… ni una sola gota de sangre”.
Se levantó de la mesa sin aviso y trajo algo, una foto que puso de pronto sobre mi regazo, miré la fotografía y en ella aparecía una joven mujer vestida con blue jeans, botas altas de cuero negro y una chaqueta de gamuza, su cuerpo era armonioso, era rubia, de cabello corto y en su rostro se dibujaba una sonrisa pícara, si, efectivamente, tenía cara de perra, de niña loca y fácil que excitaba la mente de los hombres que la veían, no pude evitar una erección y me sentí conflictuado al imaginarla en la situación descrita por mi siniestro contertulio.
-“Como le decía, no había ni una manchita, solo el hueco donde debía estar el estómago y los intestinos, eso era raro y lo peor fue cuando le quitaron la mordaza… el agente que lo hizo reportó que al quitarle el trapo se escurrieron de su boca ríos de gusanos y de bichos mezclados con un pus verde, tanto que el proceso de levantarla de la cama fue casi como arrancarla, usted me entiende, todo ese líquido podrido pegado a la sábana, en fin, toda una mierda”.
Se detuvo para toser y prosiguió –“ vea que la cosa era complicada, imagínese el lío que se armó cuando la familia llegó y se encontró con su “niñita” en semejante estado, ellos querían aclarar todo, saber que había pasado y no contentos con el reporte oficial decidieron dirigirse al suscrito para que encontrara alguna pista de semejante crimen. Al principio me lo tomé bien, era el reto que buscaba y me dediqué a indagar entre las amistades de la susodicha con resultados muy pobres, sus ex amantes no parecían tipos capaces de hacer algo así, todos llevaban vidas muy corrompidas pero eran tan idiotas que no merecían ni siquiera una investigación a fondo… entonces se me ocurrió buscar un poco en el pasado de la familia para ver que salía, allí fue cuado la cosa se puso interesante y peligrosa al tiempo”.
De nuevo otro alto en el camino para ir por una segunda botella, esta vez de tequila, y aunque me comencé a marear un poco, la historia estaba tan interesante que mantuve mis menguados sentidos abiertos a lo que llegara. Cuando volvió a la mesa le devolví la foto y este la dejó sobre la mesa como quien rechaza un pastel rancio, sirvió el tequila y yo le obsequié otro cigarrillo con una cortesía que a mí mismo me sorprendió, estaba comenzando a sentirme frente a un amigo que me estaba dando un largo y detallado consejo que no acababa de entender pero que valía la pena escuchar hasta el final.
-“Cuando me metí a indagar en la casa al comienzo no encontré nada que me diera una base para investigar, todo parecía normal, una familia sin mayores misterios pero lo que me puso a pensar fue que llevaban poco tiempo viviendo en esa casa, la habían heredado de un abuelo que vivió solo muchos años y murió en la habitación principal de extraña manera… para serle franco no creo en fantasmas ni carajadas de esas, pero me pareció curioso el modo en que murió, o más bien dicho, en que desapareció… ¿sabe usted que son los Druidas? ; bueno, yo no tenía ni idea de eso pero averigüé que el viejo coleccionaba libros y cosas sobre una cuestión toda mística de unos tales Celtas”.
Me comencé a sentir un poco perdido en la historia, sabía que eran los Druidas, mis lecturas ociosas me habían llevado por toda clase de caminos; sin embargo no acababa de entender como encajaban los Druidas en semejante historia. Mi nuevo amigo lo percibió con una mirada cómplice proveniente de su ojo bueno, hizo un alto en el relato y metió la mano en su bolsillo para sacar un recorte de periódico que parecía cargar desde siempre como se carga una identificación o en su caso, un revolver. Me extendió el papel y empezó a soltarme una serie de datos y fechas que confirmaban sus conocimientos aprendidos de memoria sobre los celtas y los Druidas, luego, tal vez satisfecho de su breve cátedra continuó.
-“Vea lo raro, no se puede imaginar lo contento que estaba de poder agarrar una historia que se complicaba tanto, me tocó leer mucho y al fin supe que lo que obsesionaba a ese viejo era el mito de la vida eterna, de vivir después de la muerte y otras pendejadas como esa… pasé días enteros y bien pagados examinando la escena del crimen hasta que decidí trastearme a vivir en esa casa con el permiso de la familia que no entendía muy bien lo del asunto investigativo pero que quería respuestas. Yo no sabía si había dado con algo pero me “olía” que el tal viejo no había muerto, que estaba escondido en alguna parte de la casa y si lo descubría me iba llenar el bolsillo con una buena recompensa y tendría el prestigio que tanto necesitan los detectives para que sus antiguos colegas de la “poli” no los miren como una caca, quería darle un revolcón a mi vida, y lo hice, claro que no como yo quería”.
Mi vejiga me jugó una mala pasada y pedí un momento a mi cada vez más exaltado amigo para ir al baño. Frente a la tasa sucia mi mente era un remolino de cosas extrañas y me preguntaba el por qué de seguir allí, escuchando a este tipo como si la vida le hubiera asignado la tarea de contarme esa historia llena de Druidas, nenas y viejos. No captaba aún el valor de sus palabras y eso me retenía para conocer el mensaje del relato y aplicar la enseñanza o mandarla al carajo, según fuera el caso. Salí del baño y me acomodé de nuevo en la silla para ser arremetido de inmediato por la continuación del relato.
-“Como le contaba, me instalé en la habitación de huéspedes para esperar cualquier cosa rara que pasara, cambié mis horas de sueño y me la mantenía en vela caminando por toda la casa, esperando que el viejo hijueputa asomara el pico… pero no pasó nada, pensé que había perdido el tiempo cuando a la quinta semana escuché un ruido en la habitación principal que se mantenía clausurada hasta para los que vivían allí. Al principio escuché unos como gemidos, luego un golpe seco y luego otra vez silencio, decidí entrar con cuidado y al prender la luz se me cayó el arma que tenía en la mano de la impresión, en la cama estaba el cuerpo desnudo de la empleada del servicio en el mismo estado en que debieron hallar a la López Rodríguez, me armé de valor y de revólver (¡je!) y cerré la puerta detrás de mí, me acerqué a lo que quedaba de la pobre niña, me fijé en el hueco que tenía en el estómago y ahí fue que noté la cosa, algo así como un hilo de baba que le salía del cuerpo y subía como tela de araña hasta el techo…”
Se atoró de la risa en ese momento, me miró con orna como quien ha dado con una lave tan sencilla y elemental que se siente un imbécil al descubrirla, más o menos como yo me sentía pues no estaba entendiendo nada; Sin embargo, él era muy observador y sin dejar de reír me invitó a apurar el tequila, tal vez porque la siguiente parte del relato tenía que recibirla con algo fuerte recorriendo mis entrañas.

Egon Schiele: Death and the Maiden (1915-16)
-“Nadie mira el techo en la escena de un crimen, al menos no se ocurriría pensar que una pista pudiera venir de allí, pero cuando miré el techo me di cuenta de algo extraordinario y chocante a la vez, en el cielo raso aparecía dibujado un viejo que creo era el dueño de la casa con una sábana envolviéndolo y con una corona de laurel en la cabeza… así como en los dibujos donde aparecían los tales Druidas, el viejo miraba hacia abajo y de la boca pintada pude ver el origen de la baba, me hice a un lado y no se por qué me dio por cortar la baba con el dedo… entonces le juro por lo más sagrado que el dibujo se comenzó a mover, el viejo se retorcía como loco y yo mientras tanto me caía al piso y me orinaba del miedo o del asco y comenzaba a llorar, luego de eso el viejo se despegó del techo y comenzó a chillar”.
Se me quedó mirando a la cara, se tocó el ojo de vidrio con su mano buena y lo sacó de la orbita para ponérmelo enfrente para que yo viera quien sabe que cosa, quizás a mí mismo en el reflejo con mi cara lánguida y pálida por el horror que me producía lo que contaba. No sabía si creerle o no pero la imagen se formaba en mi mente y me daba escalofrío el solo hecho de pensar que en algún lugar del mundo algo así pudiera pasar.
-“Vea esta joya”- dijo aludiendo a su ojo –“me lo gané yo solito cuando me dio por pararme y dispararle al dibujo… ¿sabe lo que pasó?, frente a mis ojos volaron unos cortaplumas que estaban en la mesa y se me enterraron en la cara como si yo fuera de mantequilla, allí se fue mi ojito y medio tabique, me caí para atrás con un dolor que me dejó como tonto y cuando intenté pararme me agarré a una foto de ese viejo de la puta mierda”- se detuvo de nuevo y puso su mano mutilada sobre la mesa –“ allí se fueron mis dos dedos pues le aseguro que la foto abrió la boca y me los comió de un solo mordisco, cuando cayó al piso la vi sonreír y mientras me revolvía en el suelo conteniendo la hemorragia y sacándome cosas de la cara el viejo se puso al lado mío, se quedó parado ahí, parecía como de cartón, era plano y se movía como un títere… caminó un rato por el cuarto, llegó a la ventana y se deslizó por la rendija como si fuera una carta, en ese momento los López entraron y si no fuera porque uno ellos también alcanzó a ver la cosa me habría chiflado ahí mismo”.
Se detuvo como quien ha olvidado algo y de nuevo hurgó sus bolsillos para extraer una foto que depositó sobre la mesa con cierta ceremonia, era un daguerrotipo bastante antiguo donde se veía claramente el rostro de un hombre de barba puntiaguda, perfil griego y frente despejada; la expresión era adusta y los ojos parecían mirar hacia donde yo estaba. No sé si fue efecto del alcohol pero me sentí observado y creo vi moverse esos ojos de un lado para otro con la desesperación propia de quien está enjaulado, las palabras de mi amigo aumentaron mis temores.
-“Ya no es como antes, este fue el que se comió mis dedos, creo que cuando el viejo se escurrió por la ventana comenzó a perderse el poder que tenía sobre las cosas que tenía en su cuarto… ahora solo mira y mira sin poder hacer nada, es un recuerdo que conservé para que no se me olvide lo que pasa cuando uno quiere que su vida cambie”.
Le extendí la mano y de improviso me levanté como empujado por un resorte y sin vacilar me apoderé de la foto de la señorita López Rodríguez, él no dijo nada, sonrió como si esperara que hiciera eso, me guardé la foto en el bolsillo para tener a la mano un recuerdo palpable de esa extraña conversación y salí de allí con el temor de que mis plegarias fueran escuchadas y mi vida cambiara como lo había hecho la de mi fugaz amigo.
FIN